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LES KUNST

«Todo eso también podría pasar, la noche cayendo súbitamente, la oscuridad sobre el día monótono. Pero a veces se acordaba del barro mojado, corría asustada hacia el patio, sumergía los dedos en aquella mezcla fría, muda y constante como una espera, amasaba, amasaba, poco a poco iba extrayendo formas. Hacía niños, caballos, una madre con un hijo, una madre sola, una niña haciendo cosas de barro, un niño descansando, una niña contenta, una niña mirando si iba a llover, una flor, un cometa con la cola salpicada de arena lavada y centelleante, una flor marchita iluminada por el sol, el cementerio de Brejo Alto, una chica mirando… Mucho más, mucho más. Pequeñas formas que nada significaban pero que en realidad eran misteriosas y apacibles. A veces altas como un árbol alto, pero no eran árboles, no eran nada… A veces como un arroyo corriendo, pero no eran arroyo, no eran nada… A veces un pequeño objeto de forma casi estrellada pero cansado, como lo estaría una persona. Un trabajo que acabaría, eso era lo más bonito y cuidadoso que había sabido nunca: ¡ella podía hacer lo que existía y lo que no existía!»

— Clarice Lispector, La lámpara, Editorial Siruela, p. 41